 Este es un título extraido de un capítulo del libro Jin Shin Original de la Dra. Mieke Berger Ph.D.
Fue en octubre del año 2009 cuando todo comenzó a ocurrir de forma más evidente y explícita. De alguna manera todo el sentido de la vida cambió y mi vida en sí misma. El orden de las prioridades dejó de existir, la prioridad ahora es una sola: atender minuto a minuto, día a día, momento a momento, de acuerdo a lo que la vida y la intuición traen; observar esos momentos, observar la experiencia y seguir. Poco a poco, se van desmantelando las construcciones del ego separado de mi ser , o a la inversa, se van integrado las construcciones a mi ser íntegro. Con amor. A la Totalidad. Al ser. Al todo. A la Unidad. A la Fuente. A Dios.
Puedo sentir esta verdad, no soy mi cuerpo, no soy las situaciones, no soy mis emociones, no soy las circunstancias, no soy las imágenes, no soy mi sufrimiento. Simplemente Yo soy.
A veces mi consciencia se escapa a jugar, mi mente se divierte, me dispara por aquí por allá. En esos momentos vuelvo a sufrir, revivo el dolor de sentir la necesidad de tener control sobre la vida y sus circunstancias. Poco tiempo pasa hasta que todo retorna a la paz cuando recuerdo que nunca debemos cambiar la dirección de las cosas. *Somos testigos de nuestra propia existencia, el ojo que todo lo ve, menos al ojo mismo, como una unidad interdependiente, si no existe una tampoco existe la otra, finalmente una Unidad, infinitamente creativa. La conciencia observa de manera impersonal, sin pensamiento. La consciencia no tiene dimensión, no conoce espacios ni sabe de tiempo, es la nada no manisfestada pero potencialmente lo es todo. No puede ser experimentada, ni sentida.* (*conceptos escritos a partir de Jin Shin Original)
|